viernes, 4 de abril de 2008

El verdadero valor de las calificaciones escolares



Por: Gerardo Castillo Ceballos

"Los estudios y la familia", Editorial Palabra,

Madrid 2.000.Fuente: Edufam

¿Qué aspectos de los estudios de los hijos deben ser más valorados por los padres?

Todos los padres le dan mucha importancia a las notas o calificaciones que los hijos obtienen en cada materia. Pero éste no debe ser el único aspecto a valorar en los estudios de los hijos.

No es conveniente valorar la calificación en sí misma.

Tampoco es aconsejable exigir una determinada calificación a los hijos. Los padres deben valorar, fundamentalmente, el rendimiento escolar de cada hijo. El rendimiento no siempre coincide con lo que expresa una calificación.

Un estudiante puede encontrarse en cuatro posibles situaciones:

-Aprueba, pero no rinde;-rinde, pero no aprueba;
-ni rinde ni aprueba;
-rinde y aprueba.

Hay rendimiento cuando el estudiante ha progresado en su aprendizaje de acuerdo con lo que cabía esperar de él en función de su capacidad.

¿Por qué hay estudiantes que aprueban y no rinden?

Porque el nivel de exigencia del profesor está por debajo de la capacidad de esos estudiantes.

Son estudiantes que consiguen el aprobado con poco esfuerzo, bien por ser superdotados, bien porque el profesor es poco exigente, bien por ambos motivos.





¿Por qué hay estudiantes que rinden, pero no aprueban?
Estos estudiantes se esfuerzan, trabajan lo necesario, pero no pueden aprobar debido a posibles dificultades personales como, por ejemplo, falta de base en la materia o mal método de estudio. También puede deberse a que el profesor es demasiado exigente.


Los padres que valoran la calificación en sí misma (independientemente de la capacidad de cada hijo, de las dificultades que encuentra y de los criterios del profesor) corren varios riesgos:

-Exigir a un hijo menos de lo que puede.
Se fomenta así el conformismo de los hijos bien dotados;
-Exigir a un hijo más de lo que puede.
Esto suele agobiar a los hijos menos dotados, pero que trabajan mucho, llegando a producir incluso estados de ansiedad y pérdida de interés hacia el estudio;

-Exigir a todos los hijos lo mismo.
Ello favorece las comparaciones entre los hermanos (hechas por los padres o por los hijos). Estas comparaciones no tienen sentido. Además suelen crear actitudes negativas, como la rivalidad y las envidias entre los hermanos.

Los padres deben valorar, por tanto, el rendimiento de cada hijo por separado. Y darle más importancia al esfuerzo realizado, al trabajo bien hecho, a lo aprendido, que a la calificación en sí misma. Y además acuérdate de: Elogiar a un hijo cuando se esfuerza por estudiar

¿Qué actitud debe adoptar un padre cuando se entera de que un hijo ha reprobado una materia?

Antes de juzgar la situación y de actuar, el padre debe conseguir información sobre las causas del suspenso. Ello supone tener una conversación con el hijo y otra con el tutor o con el profesor de la asignatura. En ocasiones el mal resultado obedece a falta de esfuerzo: no ha habido horas suficientes de trabajo diario. También puede ocurrir que el estudiante haya dedicado mucho tiempo, pero que su trabajo haya sido aparente (trabajo poco intenso). Hay estudiantes que están muchas horas delante del libro pero se exigen poco a sí mismos; no se esfuerzan lo necesario para concentrarse, comprender y recordar. Son estudiantes que se engañan a sí mismos, pero no al profesor de la asignatura. En estos casos el estudiante es culpable del mal resultado; por lo que habrá de exigirle más esfuerzo y hacer un seguimiento diario de su trabajo. En otras ocasiones el estudiante se ha esforzado mucho pero ello no ha sido suficiente para aprobar debido a otras posibles causas.

Entre las más frecuentes están las siguientes:

-Poca capacidad o facilidad para el estudio
-Bajo nivel de lectura comprensiva (que suele estar ligado a un vocabulario escaso);
-Poca base de conocimientos en la asignatura;
-Método de estudio inadecuado para esa materia.

Dentro de la poca facilidad para el estudio suele haber escasa capacidad para concentrarse y para memorizar.Estas dificultades no se superan pidiendo al hijo que trabaje más. Necesita ayuda especial y orientación por parte del profesor de la asignatura, del tutor, de los padres y de algún compañero de estudio.Debe ser ayuda individualizada, relacionada con las causas concretas de su problema. Y todas las personas que ayuden deben hacerlo en la misma dirección. Puede hacerse siguiendo un plan de recuperación escolar.



Dado que la mayor parte del estudio personal suele ser realizado por los hijos en el hogar (al menos los no universitarios), se espera de los padres que se preocupen de las condiciones ambientales y materiales en las que se desarrolla el estudio diario.

-Lugar fijo de estudio que reúna unas comodidades mínimas y favorezca la concentración.
-El lugar de trabajo no debe verse afectado por posibles interferencias: ruidos molestos, televisión, etc.
-Horario de estudio bien concebido.
-Control diario de lo previsto en el horario de estudio.
-Observación del trabajo diario por parte del padre y/o de la madre.
-Colaboración para adecuar y utilizar algunos materiales necesarios en el estudio.

Las ayudas de los padres
deben adecuarse a la edad de cada hijo.
A medida que se hacen mayores hay que darles mayor autonomía en la forma de planificar y de realizar su trabajo. Si, por ejemplo, se elige contestar a algunas preguntas del hijo, los padres pueden hacer lo siguiente:

-Leer el tema en el libro de texto;
-Ampliar en una buena enciclopedia y/o libro de consulta;
-Hablar con el profesor de la asignatura;
-Redactar por escrito las respuestas;
-Tener una conversación con el hijo acerca de cuál sería la mejor respuesta para cada pregunta y por qué
No se trata de sustituir al hijo, haciendo su trabajo, sino de darle pistas o hacerle pensar, a partir de lo que han aprendido los padres.

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