martes, 4 de mayo de 2010

Cuánto debe ayudar un hijo en casa

Son las 8 de la noche. Aunque mejor sería hablar de la hora crítica.


Todavía hay algunos haciendo tareas, los zapatos siguen completamente empolvados, falta meter el pollo al horno y el papá viene llegando con cara de haber tenido un día fatal. iQué maravilloso sería -piensa para adentro la mamá- que mis hijos me cooperaran un poquito más. Ya están bastante grandes!

Pero, ¿será sólo un "poquito" lo que debiera esperar una mamá con hijos adolescentes, o lo justo sería que pusieran el hombro todos los días?

Antes de hablar sobre la ayuda que podríamos pedir a los hijos, hay que referirse al tema de "no dar más trabajo" del que ya existe en la casa, lo que, por cierto, no es nada fácil de conseguir: que no entren con los pies embarrados, que no dejen la cocina inmunda cada vez que la usan. Es decir, mucho antes de pedir ayuda a los hijos en la casa, hay que haberles inculcado el no dar más trabajo, y es entre los 7 y los 11 años, principalmente, cuando los niños adquieren determinados hábitos de sana convivencia familiar:

- La ropa sucia no se tira al suelo, sino que se deja en el lugar indicado.

- Los desperdicios se tiran al basurero, no en cualquier parte.

- Las toallas se dejan colgadas en la percha, no tiradas en el suelo.

- Las puertas no se abren ni cierran a patadas, porque se ensucian y rompen.

- Al llegar del colegio las mochilas y el uniforme se dejan ordenados, no esparcidos por la escalera.

Estos son signos de buena crianza. O detalles, dirán otros, pero que cuando los padres no los han cultivado y exigido con perseverancia, generan, después, otro tipo de problemas en la adolescencia. Los hijos no valoran el trabajo ajeno, ni lo que significa vivir en un hogar ordenado, y sus consecuencias en el uso y aprovechamiento de los recursos disponibles. Tampoco se considerarán parte de un equipo, donde lo que hagan o dejen de hacer afecta a los demás.

Por lo tanto, cuando los niños han sido desde chicos educados para poner en práctica estos hábitos, el trabajo diario de la casa se ve bastante aliviado. Recién ahí podemos pensar en pedir ciertas colaboraciones a nuestros hijos. Estas "ayudas" se pueden dividir en tres grupos:

- Las que se refieren a sí mismo: mantener su pieza, escritorio y closet ordenados, preparar su ropa para el día siguiente, hacer la cama los fines de semana.

- Las que tienen que ver con la convivencia y que implican una rápida disposición de ayuda: contestar el teléfono en vez de dejarlo sonar hasta que el del otro lado se aburra, recoger lo que está tirado, estirar la alfombra para así evitar que el siguiente aterrice en el suelo.

- Las que se relacionan con el bienestar de los demás: comprar el pan, lavar...

Nadie más beneficiado que el hijo

Que un hijo se haga cargo de sus propias cosas debiera ser una obligación permanente, porque aunque en apariencia esta ayuda es un alivio para la mamá y la empleada, el más beneficiado es él mismo. Mucho mejor para él saber dónde guardó la chamarra negra o dónde escondió la primera carta de la amiguita, que pasar horas de horas buscando.

Puede que suene duro decirlo y más que los padres lo oigan, pero si un hijo entre los 12 y 16 años no es capaz, al menos, de preocuparse por sus cosas, nadie más que los padres son los responsables. ¿Por qué? Porque lo sobreprotegen y lo tratan como un niño chico cuando ya no lo es o porque no se han dado el minuto para reconocer sus capacidades. Un caso: el papá que le pide a su hijo de 12 que le enchufe el taladro, ante lo que el hijo, atónito, le contesta: "¡Genial, si hasta hoy no tenía permiso para tocar los enchufes!" O porque los hacen sentir el "síndrome de la abundancia inagotable": esa mamá que cuando su hija de 15 años se fue de viaje de estudios le pidió que, por favor, no volviera con toda la ropa interior sucia. Fácil, pensó la hija, y la botó a la basura.

Formar parte de un equipo


Será mucho más fácil conseguir cualquier tipo de ayuda, en la medida que hagamos ver a nuestros hijos que la casa no es ninguna pensión donde se come y se duerme, sino que un hogar. Y, por lo tanto, los padres y los hijos deben entender que todas estas "ayudas" no son, simplemente, para que la casa "funcione", sino para que exista más armonía.

Día a día, surgen un sinfín de situaciones que requieren de la ayuda de todos: el teléfono que suena, las luces encendidas, no hay papel en el baño, etc. Por eso es importante dejar en claro que la familia es un equipo y que por ello es fundamental que el que usa el baño debe dejarlo impecable para el siguiente.

Este tipo de ayudas, más que exigibles, son inculcables, lo que requiere de perseverancia y, por supuesto, de ejemplo.

¿Me reemplazarías?

Por último, están las ayudas relacionadas con el bienestar de los demás y que constituyen el sueño de algunos papás: que sus hijos los reemplacen en tareas que les corresponden a ellos: las compras de la casa o estudiar con los hermanos más chicos.

A todas las familias les llega el momento de recurrir a estos encargos, ya sea porque la mamá trabaja en una oficina, porque no hay una empleada, es de puertas afuera o, simplemente, porque es una familia numerosa. Pero aquí los padres deben tener presente que es sólo una ayuda y que en ningún caso los libera de ser los responsables de que en la despensa no quede una lata de atún o de que a la Teresita le haya ido mal en la prueba de matemáticas.

Hay que tener cuidado en este sentido, para no caer en la tentación de pedir a los adolescentes encargos familiares para los que todavía no están maduros. Aquí la sabiduría de los padres a la hora de proponer ayudas es fundamental. Deben ser específicos y pedirlas por un tiempo limitado; sirve, además ir rotando lo pedido entre hermanos de edades parecidas. La idea es que el encargo no parezca un castigo. Ejemplos: pagar algunas cuentas de la casa, cocinar cuando no está la empleada o ir a buscar al hermano al colegio.

Tampoco hay que olvidar que pedir alguna ayuda no significa interrumpir -a menos que sea imprescindible- sus obligaciones, como tareas, horas de estudio, compromisos en el colegio, ni tampoco interponerse en sus panoramas. Lo lógico -y más sensato- es que si el sábado está invitado a un asado, vaya y no se quede lavando platos.


En la práctica

Los encargos deben plantearse como una cooperación y no como una tarea obligada. Por eso la importancia de hacer ver a los hijos que éstos se hacen por amor a la familia y al hogar.

- Es bueno recurrir a los hijos, aunque exista ayuda doméstica. A la larga, cualquier trabajo que ejerzan en la casa, es cuna de buenos hábitos.

- Los encargos deben asignarse independientemente del sexo de quien lo recibe. La vida tiene muchas vueltas y es muy útil que un hombre sepa hacer aseo y una mujer pueda arreglar un enchufe. Hay que dar la posibilidad de aprender a hacer de todo en la casa.

- Entre los 12 y los 16 años es la etapa de los estirones. Están más grandes, pero también más desarticulados. Tal vez no sea conveniente pedirles que sean los encargados de lavar los platos, a menos que la loza sea francamente barata.

- un "no" rotundo al pago por favor concedido. De vez en cuando no les vendrá mal una pequeña recompensa económica, pero de ahí a establecerlo como una política casera sería fatal. Jamás harán nada ni por cariño al hogar ni hacia los demás.

- No, también, a la incongruencia de los padres. Mala señal será para los hijos si ven a sus papás tratándolos a ratos como niños, a ratos como adultos. Si los mandan solos a hacer algún trámite del papá, bien podrán irse solos a la casa del amigo (obviamente, si la distancia y la hora no implican un riesgo).


"¿Por qué a mí no me resulta pedir ayuda?"

- Porque usted va detrás corrigiendo y haciéndolo todo de nuevo. Hay que tolerar la cama arrugada, los cubiertos puestos al revés, los platos mal enjuagados... Nadie hace las cosas bien a la primera. Su hijo se sentirá importante si usted lo considera y cree en él y en sus capacidades.

- Porque no sabe pedir la ayuda adecuada. Primero observe y vea cuáles son las habilidades naturales de cada hijo. No le pida al más brusco que le guarde los platos.

- Porque usted es una maniática del orden y le gusta que su casa esté impecable las 24 horas del día. Esperar a que un adolescente ordene sus cuadernos cuando llega del colegio o se "mueva" para barrer el jardín supone paciencia y tolerar el desorden durante un rato. Controle el ataque y, una vez pedida la ayuda, no lo haga usted.

- Porque tal vez, sin darse cuenta, es sobreprotectora: usted ya no se acuerda de lo que era capaz de hacer a esa edad, pero es más de lo que usted cree. Los niños de familias de más bajos recursos son muchísimo más autónomos y desde muy pequeñitos van solos a comprar, llevan a sus hermanos al colegio y los cuidan mientras los padres salen a trabajar.

Entre Familia Soy Feliz

HIJOS FELICES



La cuestión se formula en los siguientes términos: si usted tiene demasiados hijos, no les puede dar lo mismo que si sólo tiene uno, dos..., como mucho tres. Incluso hay sesudos sociólogos que cuantifican muy bien el problema, hasta con fórmulas algebraicas. Por ejemplo: si usted pertenece a la clase media, o es funcionario público, o ejerce una profesión liberal, o es dueño de un establecimiento comercial, y tiene dos hijos, podrá darles estudios superiores, subvencionarles cursos de inglés en el extranjero y pagarles la entrada de un piso de dos habitaciones, salón comedor y cocina. Es decir, les facilita el ser felices de mayores. Pero si tiene tres, ya no podrá pagarles la entrada del piso, y si tiene cuatro no digamos.

Esta digresión se me plantea como consecuencia de un artículo escrito hace unos meses, en el que sostenía que no hacía falta que nuestros hijos supieran montar a caballo, ni realizar múltiples actividades extraacadémicas para que fueran felices. Pero cometí la imprudencia de rematar el artículo con una interrogante: ¿Entonces qué nos aconseja usted? Y efectivamente, algunas lectoras de TELVA, con encantadora ingenuidad, me preguntan: ¿qué nos aconseja usted para que nuestros hijos sean felices? Si yo fuera capaz de contestar a esa pregunta, sería el hombre más sabio del mundo. Para salir del paso suelo contestar que quererlos mucho y que ellos se sepan queridos.

Pero en un coloquio en el que me tocó participar recientemente, una de las asistentes, no conforme con tan elemental respuesta, insistió en saber cómo había que quererles, y si se podía querer lo mismo a muchos que a pocos hijos, y hasta qué punto el exceso de hijos no limitaba sus posibilidades formativas, ni les privaba de un razonable bienestar material. Un lío. Lo único que quedó claro es que en los tiempos que corren el problema no es de exceso de hijos, sino de defecto, sobre todo en España, en el que ustedes las mujeres están quedando fatal en lo que a fecundidad se refiere, con una tasa del 1,6, la más baja de la Comunidad Europea.

A tal extremo han llegado las cosas que, según una encuesta realizada por la Universidad de Valencia, lo que más echan de menos los niños españoles son hermanos con quienes jugar. Eso ya lo tenía comprobado yo en mi familia, y en las familias colaterales que arrancan del mismo tronco. Cada vez que alguna de las mujeres de mi vida se queda en estado se produce una auténtica conmoción, y cuando el niño nace, el estallido de alegría es épico. Una de mis hijas mayores ha tenido dos hijos, y como tiene serios problemas para tener más, ha iniciado complejos trámites para adoptar niños colombianos. ¿Por qué colombianos? Porque hay más y hasta se pueden adoptar de dos en dos. Esto último es lo que pretendía mi hija, pero su marido le ha convencido que es mejor probar de uno en uno. Los que más encantados están son sus dos hijos (de 14 y 12 años), ante la idea de tener un nuevo hermano. A mí, dado el amor que tengo por aquellos países, no me desagrada la idea de convertirme de la noche a la mañana en el abuelo de un indito chibcha, guajiro o mulato.

¿Qué pasa?, podrían preguntarme, ¿es que es usted partidario de la familia numerosa? En esta ocasión sí tengo respuesta: ni soy ni dejo de ser, pero vivo inmerso en ella por los siglos de los siglos. Nací el pequeño de nueve hermanos y, a su vez, he tenido nueve hijos. Por tanto, sólo sé cómo se vive en el seno de familias numerosas, y mi impresión es que no se vive mal del todo. A veces la convivencia resulta compleja, ardua, pero en ningún caso aburrida.

Volviendo al tema que nos ocupa: ¿qué hace falta para que los hijos sean felices? Pues, según la citada encuesta de la Universidad de Valencia, ya hemos visto que hace falta que tengan hermanos, pues si no, sobre todo en las grandes ciudades, se sienten aislados y acaban buscando la compañía que menos les conviene: la de la televisión indiscriminada. Pero según el mismo estudio, el 98 por 100 de los niños encuestados (entre 4 y 14 años) lo que más les atrae es estar con sus padres. Y aquí viene la gran paradoja: muchos padres bien intencionados, pero un tanto despistados, se pasan mucho tiempo fuera de casa, trabajando, y no quieren tener más de uno o dos hijos, para poder darles de todo. De todo menos lo que parece ser que los niños quieren: más hermanos y más compañía suya.


Entre Familia Soy Feliz

EL MUNDO VIVE EN LA DOXA….



EL MUNDO VIVE EN LA DOXA….

Por: Manuel Lule

¡Oye amiga, yo tengo el remedio buenísimo que te va a curar, tomate esto y listo. ¡No si te digo… ese arbitro está ciego o vendido, debería de haberlo expulsado…¡Oye si yo fuera diputado de verdad que haría los cambios necesarios para expulsar a todas las ratas del gobierno…!

Cuántas veces hemos escuchado en alguna fiesta o reunión social frases como estas o del tipo de estas, mi querido amigo lector hoy en día todos somos médicos, todos somos los excelentes analistas deportivos y también porque no… el perfecto candidato para decirle al presidente como se hacen las cosas en este país…y pregunto yo en que nos fundamentamos, qué información solventa lo que meramente opinamos, de donde tomamos lo necesario para hacer un juicio y todavía atrevernos a decir, es que esto es mi verdad… No cabe la menor duda, vivimos en un mundo basado en la Doxa y muy lejano de la espisteme.

Estos dos términos del griego antiguo son sumamente apreciados por los filósofos, los cuales con facilidad le ayudan a uno a quitarse el velo de los ojos y nos hacen entender un poco más porque vivimos en un México que en ocasiones se torna mediocre y falto de cultura, déjeme explicarle. Para los griegos la DOXA se refería a la mera opinión que tenía una persona sobre su mundo y la EPISTEME era al conocimiento intelectual basado en estudios, basado en cosas con sustentabilidad; ahora bien, una persona Doxa simplemente emitía juicios basados en su mera experiencia, mientras el filosofo por lo regular generaba episteme, es decir, conocimiento solventado por la razón, en pocas palabras los juicios que emitía se basaban en verdaderos razonamientos elaborados por medio del estudio.

Le pongo un ejemplo, basta que algún comentaristas de noticias emita un comunicado, el cual en sobradas ocasiones no tiene fundamento alguno y ya lo creemos como si fuera una verdad absoluta, esta misma información escueta la transmitimos de boca en boca generando una mera opinión del asunto, trasciende nuestros círculos cercanos, cae en manos de políticos mal intencionados y se politizan las cosas, nos hacemos de dos bandos y de nueva cuenta se queda la propuesta que puede cambiar al país, en chismes, alegatos y cosas que no ayudan …en nada.

¿Se da cuenta?... estamos envueltos en meras opiniones y no en razones sustentadas, alguna ocasión escuché de un conferencista especialista en su materia la frase que llegó a lo más profundo de mi corazón “dar razones de nuestra esperanza”, en qué nos basamos para decir tal o cual dicho, qué lo sustenta, para los filósofos griegos la búsqueda de las razones los llevaban a investigar, a estudiar a otros pensadores y eso les provocaba una sed interminable por conocer, a continuación lo explico con un esquema muy sencillo.

Hagamos un análisis de esto: Si quiero emitir juicios solo por el hecho de quedar bien esto puede ser muy delicado ya que quizás no cuento con información suficiente que sostenga lo que voy a decir, entonces lo mejor es no opinar y reconocerme ignorante sobre ese tema…sí efectivamente, suena duro pero así es, es usted un ignorante, y si tiene la humildad para reconocerlo entonces está listo para el segundo paso, se va a poner a estudiar, investigar a indagar y se asombrará de las cosas que va a descubrir sobre tal o cual cosa, asombrarnos como lo hacen los niños en su proceso de aprendizaje, esto nos habla de la sed por aprender, las ganas de ser mejor persona, las ganas de trascender en este mundo.

Siguiente paso al cultivarse entonces y solo entonces tendrá la capacidad de entrar en la Episteme misma que le generará más capacidad de asombro, esto es un ciclo sin fin y es lo que verdaderamente nos hace tener conocimientos verdaderos.

Nos explicaba un maestro en filosofía, “lo que pasa es que hemos abaratado o diluido el conocimiento”, pensamos que porque está escrito en Internet es absoluto, que por qué lo dijo tal o cuál líder de opinión, es verdad, es más que por que apareció en una revista de chismes es lo único y porque lo dijo Niurka es entonces ya su verdad….por favor, esto es pura Doxa y nos hace un daño enorme a la cultura en general.

Entonces que se puede hacer, muy simple sentirnos que somos ignorantes que no lo sabemos todo y seguir fomentando el circulo de aprendizaje para que no perdamos nuestra capacidad de asombro, un buen libro, una buena revista especializada basada en hechos comprobables, en fin puede ser hasta un buen programa de televisión, pero si con lo único que nos queremos quedar es con “la guerra de chistes del borrego Nava” que pasa por Telehit… entonces de qué tendremos lleno el corazón para expresarlo a los demás…por favor.

Hoy en día nuestros hijos cuentan con muchos canales de información, responsabilidad nuestra es conocer el origen de esa información y conducir a los muchachos por lo que verdaderamente es sano, cualquiera tiene la oportunidad de emitir mensajes gracias a este mundo de comunicaciones pero esto no significa que sea lo mejor para nuestras vidas, para nuestras familias. Creo y estoy convencido que nos acercamos cada vez más a la formación de juicio en nuestros hijos, esto es, cada vez tendremos que trabajar más en ellos para que estén preparados a ejercer sano juicio ante la eventualidad, ante el amigo que le ofrezca droga, pornografía o vicios de ingesta, para que en el momento en que nosotros como padres no estemos presentes, ellos puedan decidir correctamente de tal forma que nada atente contra su naturaleza contra su persona y dignidad humana.

Esto se va a lograr en la medida en que adquieran cultura y conocimientos, en la medida que sean generaciones adictas al estudio y el desarrollo humano, en la medida en que busquen el bien común y fortalezcan los lazos de solidaridad.

Vamos purificando nuestras generaciones y fomentémosle el estudio y la investigación seria, es decir, luchemos porque no se dejen llevar por la Doxa y sean buscadores de la episteme.


Entre Familia Soy Feliz

CATARATAS DENTRO DE MI CASA


CATARATAS DENTRO DE MI CASA

POR: MANUEL LULE

Era domingo por la tarde en lo más candente del sol de las doce cuando me puse de acuerdo con mis hijos en darnos un buen regaderazo de agua fría, como mi casa no cuenta con alberca (aun viviendo en Cuernavaca), decidimos montar una inflable debajo de la regadera para hacer un “Acapulco en la azotea”, todo iba bien hasta que después de un rato de chapucear, nos dio hambre y decidimos salirnos de nuestro confortable juego… cual va siendo nuestra sorpresa que en un segundo se salió el agua y en un momento rodó por todas las escaleras haciendo una verdadera cascada, los niños se alarmaron, yo corrí para contenerla, la escena se torno de dramática a cómica, cuando me patinaron los pies y con un solo movimiento me encontraba en el suelo, adololorido con la escoba entre las piernas y las más impactantes carcajadas de mis tres pequeños, no me quedo otras cosa más, que reír con ellos y encontrarle el lado bueno de la vida….

Por qué quise empezar contando esta anécdota, porque desgraciadamente existe un gran número de padres de familia que se les ha olvidado disfrutar a sus hijos, se les ha olvidado reírse con ellos y se les ha olvidado hacer hasta el ridículo, con tal de pasar un buen rato agradable, dicen los especialistas que muchos de estos padres caen en el síndrome conocido como de adultismo, esto es en palabras sencillas “tomar un roll demasiado severo de ser padre y olvidarse de las cosas agradables de la vida”.

Quizás algún lector me mal interprete y me critique por ser exagerado, quizás otro podría decirme “no tengo tiempo para bobadas” u otro me anteponga el trabajo y la ausencia económica muy común en nuestra patria por un buen momento de gozo con los hijos, pero déjeme explicarle una cosa, el continuo incremento del adultismo nos puede llevar a situaciones difíciles para con los hijos, déjeme mostrarle algunas cifras de la situación que se da en México.

Según la UNICEF en encuestas recientes, México sufre el 35% de su violencia en los hogares debido al abuso de los adultos sobre sus propios hijos, otras cifras más estremecedoras nos revelan que 80 mil niñas, niños y adolescentes, mueren todos los años en el país, como consecuencia del flagelo de la violencia en sus hogares.

¿Qué nos está pasando en nuestros hogares?, ¿En qué momento se pierde el piso en la comunicación con nuestros hijos?, ¿En qué condiciones está la persona cuando pierde el control con sus hijos?....

Todas estas preguntas se enlazan y nos generan una cultura de violencia, pero yo me pregunto, ¿cómo celebrar en México este próximo día del niño si tenemos estas cifras alarmantes que nos pesan como sociedad?...

Entre los actos más frecuentes de violencia familiar encontramos: la violencia física, la psicológica y la sexual, precisó Jacob Pinheiro, quien anotó que tales abusos los cometen en la mayoría de los casos padres, madres, padrastros, madrastras, padres y madres de acogida, hermanos, y cuidadores.

Por lo tanto es necesario acabar con los círculos de violencia que se enraízan en lo más profundo de nuestras familias, en primer lugar necesitamos reconocer que se está dando una forma de violencia en nuestra familia, puede ser la madre, el padre o un familiar, en ocasiones un vecino es el detonante que puede denunciarla para que pare.

El generador de violencia debe reconocer ante todo que tiene un problema, que no va a resolverlo solo y que es necesario una ayuda, una terapia, el acercamiento a un especialista que pueda ayudar en la búsqueda de la raíz de esa violencia para que no vuelva a rescindir en la misma, la violencia es un círculo de vicio cíclico, que tarde o temprano tiende a repetirse cada vez más y en un grado mayor de conducta reactiva, el agresor por lo tanto debe detenerla encontrando su origen, conociendo las causas que la detonan y formando una nueva actitud y mentalidad por medio de un proceso de nuevos hábitos que lo lleven a liberarse de las cadenas de opresión, a continuación mostramos el ciclo de la violencia que ayuda enormemente a los allegados a la problemática a detener su continuidad.

Mientras no detengamos y hagamos conciencia al agresor sobre todo en la etapa de aparente calma difícilmente desterraremos la violencia de nuestros hogares, ahora bien en cualquier etapa del ciclo se puede detener y evitar la agresión se han dado casos que en el momento de la explosión han tenido que intervenir autoridades y hasta fuerza pública para evitar las reacciones, lo importante querido amigo es romper con el ciclo de la violencia.

Existen clínicas de rehabilitación, terapeutas especializados, terapeutas en familia, en fin, un sin número de profesionales que pueden atender este tipo de casos y ayudarnos a resolver la violencia en la familia pero el primer paso es darnos cuenta que algo serio está pasando y es momento de hacer un alto.

Ya basta de las frases tan trilladas como “usted qué se mete, así yo educo a mis hijos”, “es normal ya se le pasará lo enojado”, “El es bueno… solo que se desespera”, etc… basta no podemos seguir viviendo en una falsa mascarada y permitir que las vejaciones se sigan dando dentro de nuestros hogares qué más que sitios de cobijo, refugio y amor se convierten en verdaderos campos de tortura y concentración.

Lo invito pues querido lector a que acuda a los centros de atención de estas situaciones en el estado como son el DIF Estatal, la Secretaría de Educación Pública tratándose de la violencia en los colegios, estoy seguro que ahí podrá tener una respuesta pronta a la situación que vive en su hogar.

Lo aliento también, a formarse en las escuelas de padres que se imparten en los centros de estudios de sus hijos, muchas veces una conferencia o cátedra en torno al factor humano puede abrirnos los ojos entorno a nuestra situación y crisis familiar, el gobierno de Morelos ha impulsado fuertemente estos talleres con el fin de darle herramientas necesarias para su vida, nunca desaproveche estos momentos, los cuales pueden darle muchas luces sobre la mejor manera de proceder en caso del abuso que se da en los ambientes hogareños.

Que este próximo 30 de abril, de verdad sea un bonito día del niño para nuestros hijos con unos mejores padres, más conscientes y desbordados en amor para su prole, le recuerdo que es poco el tiempo en que permanecerán en nuestros brazos, el día de mañana cuando usted y yo seamos viejos añoraremos con lágrimas un abrazo, un beso, un cálido cariño de parte de ellos, no lo desaproveche…. ame hasta que duela, y detenga prontamente la catarata de violencia que sufre su casa.

Entre Familia Soy Feliz

Por una cultura de la confianza



Nieves García Mujer Nueva

Por fin se estrenó la película esperada. Un joven se pone a la cola de la taquilla para comprar unas entradas de cine. Después de dos horas de espera le toca el turno. Ha olvidado el carnet de estudiante y la señora de la taquilla le dice: “¿Cómo puedo saber que me estás diciendo la verdad y que realmente eres estudiante?...” El joven, sonríe resignado, y le dice: “Sólo tengo mi palabra”. Ella le contesta: “No te conozco, así que no tengo por ello motivos para desconfiar de ti. Aquí tienes las entradas… a precio de estudiante” .

Un importante ejecutivo de una compañía americana llega con el tiempo justo para coger un vuelo, pero en el mostrador se da cuenta que, con las prisas ha olvidado el billete en la oficina. “Lo siento, no puedo darle el pase de abordar”, es la primera reacción de la azafata que está detrás del mostrador. “Srta. llevo 15 años volando con ustedes, mi nombre está en la computadora, existe ese billete, está pagado, pero no lo tengo aquí conmigo… Solo le pido que confíe en lo que le digo”. Y después de pensarlo unos minutos, la joven le pidió su pasaporte, sacó una copia, y le entregó un pase de abordar, diciéndole: “Confío en su palabra, solo le pido que me haga llegar ese billete en menos de 48 horas”. Tres meses más tarde, este ejecutivo buscó a esta azafata para ofrecerle uno de los puestos más serios de su empresa: la atención y cultivo de los clientes más importantes de la empresa. Había demostrado que sabía confiar en los demás, y este es el principio fundamental para cualquier relación que se caracterice por ser “humana”.

Son dos ejemplos que hablan por sí mismos. ¡Que necesidad tenemos, en nuestra sociedad, de recrear una cultura de la confianza! Hay medios de comunicación que han escogido presentar siempre y exclusivamente lo malo del hombre. Acaban haciéndonos creer que todos los seres humanos somos enemigos potenciales unos de otros. Es cierto, que los acontecimientos terroristas que hemos vivido en los últimos años tampoco ayudan a crear espacios de confianza, pero si abdicamos en esta lucha de pensar primero bien del otro, estaremos apostando por el suicidio de la humanidad. No hay hombre o mujer que pueda ser feliz sin experimentar que alguien confía en él o en ella. Todos lo necesitamos.

Desde que nacemos, sobrevivimos gracias a que confiamos, de forma casi innata, en que el otro que nos cuida, busca primeramente nuestro bien. ¿Desconfía naturalmente un niño de su madre? o ¿Cuándo duda de que su padre pueda desearle un mal objetivo? De hecho, los traumas infantiles más difíciles de superar provienen precisamente de experiencias de este tipo, porque lo más natural a la psicología humana es creer que quien me dio la vida, me quiere y busca mi bien. Se tiende a confiar naturalmente en ellos.

Toda nuestra vida está hecha de actos de confianza unos en otros. Confiamos en que cuando vemos una señal en la carretera que indica curva peligrosa, es porque va a venir. Ha existido alguien que quería avisarme para evitarme un peligro. Confiamos cuando compramos comida en supermercado en que nadie me va envenenar. Confiamos en los consejos del médico, aunque no le conocíamos antes de acudir a la consulta….

La confianza entre los seres humanos es el principio fundamental que permite la convivencia porque es la base que sostiene la personalidad humana, fundamentalmente una personalidad “relacional”. Toda la estructura psicológica y espiritual del ser humano, está hecha para la relación, para el amor y la ayuda mutua. En gran medida, la seguridad personal dependerá de la experiencia personal en este campo.

Se confía cuando se cree que el otro es alguien que en sí mismo merece la pena, es valioso y admirable, y puedo aprender seguramente algo de él. En una palabra que es “bueno para…”. ¡Basta ya de pensar siempre que el hombre es un lobo para el hombre! No es cierto. Una cosa es que alguien haya actuado mal en una o quizás en varias ocasiones (como todos lo hemos hecho), y otra etiquetar por ello, para siempre a esa persona. Esas etiquetas, a veces son peor que una condena a muerte, porque es difícil cambiar cuando nadie confía ya en esa persona. La confianza en el otro comienza con el pensamiento positivo porque de pensar bien del otro, brotarán los gestos de confianza sinceros hacia él.

Todos queremos un mundo más humano, pero para humanizar al ser humano, hay que comenzar “confiando en él”. El ser humano, en general, tiene un hondo sentido de justicia: dar a cada quien según lo que merece. Precisamente porque tendemos a ser justos, los cambios más profundos en el comportamiento humano, se dan cuando uno se ve tratado, no con estricta justicia, sino con algo que va más allá, con bondad, aún cuando estrictamente no lo merece. Quien haya leído “Los miserables” de Víctor Hugo, recuerda el cambio profundo en el corazón del protagonista, al inicio de la novela. A pesar de la hospitalidad recibida, gracias a la cual Juan Valjean, un expresidiario siempre odiado y tratado injustamente, es invitado a cenar y a dormir en casa de M. Bienvenido. El presidiario se levanta por la noche y huye de la casa tras robar los cubiertos de plata. Enseguida es apresado por un grupo de gendarmes, que le llevan hacia la casa del obispo. Y éste es quien excusa a Jean Valjean delante de la policía, explicándoles que no existía robo alguno porque él mismo le había dado los cubiertos de plata para que los vendiera. La justificación de M. Bienvenido tranquiliza a los policías y deja internamente atónito al antiguo presidiario: "Juan Valjean abrió los ojos y miró al venerable obispo con una expresión que no podría pintar ninguna lengua humana". Después de haber robado, recibió no tanto justicia, sino confianza manifestada en comprensión, disculpa y bondad. Hubo alguien que creyó, que a pesar de lo sucedido, él era y podía ser “bueno”. La experiencia de esta confianza, más allá de las apariencias, le cambió el corazón y la vida para siempre.

Merece la pena ver lo que sucede cuando se practica la confianza, y más aún cuando se elige como actitud interior habitual respecto a los otros. Se descubre un espectáculo maravilloso: jubilados que se tenían por inútiles vuelven a sonreír con gusto, adolescentes inconformes que deciden elegir el bien por sí mismos, matrimonios que se salvan, familias que se ayudan unas a otras a salir adelante, amistades que duran toda una vida…

El hecho de que la confianza sea mutua, retroalimenta y motiva pero no es indispensable para que se practique. Es necesario que haya uno que empiece a confiar en el otro. Cada día se nos presenta la oportunidad de hacer al menos, un acto de confianza: ¿Qué sucedería si hoy en mi matrimonio hubiera de mi parte un poco más de confianza en mi cónyuge? ¿Cómo sería hoy mi relación con mis hijos si confiara más en ellos? ¿Qué trato daría hoy a mis empleados si me moviera internamente el “creer más en ellos”? ¿Qué ocurriría si hoy confío en mis padres y en que quizás me quieren más de lo que yo imagino? Un primer acto de confianza, puede ser el principio de una nueva relación y una forma nueva de vivir. Vivir con esperanza.

Habrá quien piense que así no se puede vivir porque siempre acabaremos desilusionados de los demás. Ciertamente quien confía en los otros, sufrirá algunas desilusiones, pero ¿hay mayor desilusión en la vida que la proviene de haber perdido la capacidad de amar y confiar en los otros?

Cada quien elige como quiere vivir y quien quiere ser. Quien decide optar por confiar en los demás, no elige ir con cara de tonto por la vida, sino opta por esforzarse para descubrir el hombre y la mujer buenos, que cada uno lleva en su interior, para hacérselo ver a ellos mismos, y actuar en consecuencia. Quizás sea preferible equivocarse alguna vez por haber confiado de más, que no acertar nunca en el amor por haber dudado siempre de los otros.

La confianza atrae, cautiva y deja ganas de ser mejor. Cambiar todo el mundo es tarea de gigantes, pero cambiar nuestro alrededor solo depende de que seamos capaces de confiar en los otros, en los que tengo cerca, un poquito más para empezar hoy a vivir de… esperanza.

Entre Familia Soy Feliz

jueves, 26 de noviembre de 2009

Aprovechar el tiempo libre


Actividades lúdicas para estimular el desarrollo
Estas son algunas ideas prácticas para estimular el desarrollo de las competencias en el lenguaje, la comunicación y el pensamiento crítico en los niños y niñas. Son actividades lúdicas, para ser desarrolladas en momentos en que se encuentra reunida la familia:

1. Hable con sus hijos(as): Los niños y niñas aprenden palabras y conceptos sobre el mundo cuando escuchan y hablan con ustedes y otras personas, lo que les prepara para el éxito en la lectura. Tenga conversaciones largas con sus hijos o hijas, hablen durante el día sobre sus actividades y las de los niños o niñas, déle continuidad a lo que los niños o niñas dicen o canten sus canciones preferidas.

Ejemplos:
Clasificación de palabras:
Nombrar todos los animales que puedan. Nombrar todas las comidas que puedan.
Hablar de cómo las cosas se parecen y se diferencian:

¿En qué se parecen un gato y un perro? ¿Cómo son distintos? ¿En qué se parecen un carro y un bus? ¿Cómo son distintos?
Definir y explicar palabras: ¿Qué es un gato? ¿Qué es una bicicleta? ¿Qué es un cuaderno?
Nombrar: Nombrar las cosas en un libro o las cosas que están alrededor de ustedes.
Conversar acerca de las características de lo que nos rodea: Los pájaros tienen pico y plumas, los peces tienen escamas y aletas, los árboles tienen hojas y corteza


2. Lea con sus hijos(as) cada día: Leer un libro juntos es una excelente oportunidad para que una familia comparta. Ofrece la oportunidad a los niños y niñas de aprender muchas palabras nuevas y da la oportunidad de extender sus conocimientos del mundo. Leer a los niños y niñas los ayuda a entender conceptos básicos acerca de la lectura -por ejemplo, la dirección en que pasan las páginas y leer de izquierda a derecha. Leer un libro muestra a los niños y niñas que los sonidos se relacionan con letras, que letras forman palabras, que las palabras forman frases.
Busque un tiempo adecuado para leer cada día, por ejemplo, antes de acostarse o después de comer.

Lean cuentos de fantasía y otros de información verdadera, como libros informativos, revistas y suplementos infantiles en los periódicos. Leer un libro fortalece destrezas de pensamiento crítico.
Pídale a su hijo o hija que señale la portada del libro, el título, el inicio de la lectura y permítale que pase las páginas al leer. Esto le ayudará a conocer cómo funcionan los libros.
Agregue algo de drama a su voz, dramatice diferentes personajes y trate de ser parte de la historia.
Explíquele el significado de las palabras que sean nuevas para él y hágale preguntas sobre lo que han leído. Traten de imaginarse en la situación de los personajes en el cuento, será toda una aventura.
Pueden intentar escribir y dibujar sobre lo leído, inventar un cuento parecido o cambiar partes del cuento.

3. Jugando con sonidos: Al hacer las siguientes actividades, los niños pueden empezar a crear conciencia de que las palabras están compuestas por sonidos, que a su vez corresponden a las letras. Resulta muy provechoso iniciar con el nombre de los niños y niñas, ya que éste resulta muy significativo para ellos.
Haga juegos con palabras que terminen igual como Ana Banana para que puedan jugar con los sonidos.

Busque a su alrededor y pida que encuentren cosas que comiencen con un sonido.
Jugar con el nombre de sus hijos o hijas resulta muy entretenido. Puede escribirlo y recortarlo para formar un rompecabezas. Escribir su nombre en los artículos personales los ayudará a reconocerlo rápidamente.
Trate de buscar en las revistas y periódicos una letra específica, recórtenla, péguenla y busque objetos que inicien con el sonido de la letra seleccionada.

4. Escriba con sus hijos(as): Lo ideal es contar con materiales variados para realizar las siguientes actividades.
Brindarles papel, marcadores, crayolas, lápices, tijeras, pegamento, revistas viejas, periódicos y materiales que tengamos a nuestro alrededor.
Motívelos a que se atrevan a escribir algo...aunque sea con garabatos… una lista de compras; una carta a un familiar; una historia; instrucciones o recetas de algo que les interesa. Al inicio, los niños empezarán a expresarse gráficamente con símbolos y garabatos, conforme vayan avanzando en el proceso escribirán con ortografía inventada, etapa normal de este proceso. Más adelante los niños irán conociendo las reglas básicas ortográficas. Es importante permitirles expresarse a su nivel y no forzarlos, pues ante todo, lo que queremos es que los niños y niñas se sientan capaces de expresar sus pensamientos y palabras gráficamente.

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¿Cuál es la dinámica de la violencia doméstica?



En toda violencia doméstica existe como un ciclo, un círculo, que pasa por tres fases importantes. Todo ello produce el síndrome o los síntomas del abandono. Como ya he dicho, es algo aprendido.
La primera fase de ese ciclo es el abuso psicológico, se van creando tensiones entre el esposo y la esposa, esas tensiones van en aumento. Empiezan por insultos y desprecios y eso va creciendo, se gritan y llega un momento (eso no llega de la noche a la mañana); en que viene una explosión de rabia y la mujer es golpeada. La primera fase es abuso psicológico que termina en una explosión de abuso físico: heridas y golpes.

La segunda parte de ese ciclo se llama el período de reconciliación. El hombre al principio se da cuenta de lo que ha hecho y entonces se vuelve un poco más amable y hasta le lleva flores a la mujer. Se disculpa, hace todo lo que puede para convencerla de que la ama verdaderamente, sobre todo si ella amenaza con separarse. Esta conducta "cariñosa" completa la victimización.
¿Por qué? La tercera fase es un período de ambivalencia. La mujer no sabe qué hacer. Se dice a sí misma: "Sí, me golpeó, pero por otra parte es cariñoso, me ha traído flores..." Pasa un tiempo y da la vuelta el círculo a la primera fase. Empiezan las tensiones, crecen otra vez y ya el espacio entre la golpeadura primera y la segunda es más corto. Vuelve otra vez el ciclo.

El hombre que golpea a su mujer, sobre todo si lo hace varias veces, si no se pone en tratamiento no se va a curar. No espere nadie que se cure. Si ella permanece junto a él, el ciclo va a comenzar otra vez y las golpizas van a ser cada vez más repetidas. La motivación en la mujer, que al principio tuvo ese deseo de separarse o de pedir auxilio, cada vez va a disminuir más. Va creciendo su falta de esperanza, ya no tiene fuerzas para protestar. Se vuelve pasiva y "sumisa", no con la sumisión del Evangelio, sino esclava.

Hay que entender bien las palabras del Evangelio, no hay sumisión verdadera, si no hay respeto por la persona. En este caso, la mujer termina en un completo desamparo. Por eso lo llamo: El Síndrome del desamparoNota: Basado en charlas del Dr. Jesús Arina, psicólogo


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¿Cuál es la personalidad del abusador?




"La separación o la amenaza que sienten los maltratadores sobre su estructura familiar aumenta su peligrosidad en un 75%, hasta el punto de llevar a cabo la amenaza de muerte, afirma el psiquiatra español José María Sémelas. Los maltratadores —continúa— suelen provenir de hogares violentos, en los que han visto maltratar, y en los que les han maltratado, generalmente. Estas personas suelen padecer trastornos psicológicos y, muchos de ellos, utilizar sustancias, como el alcohol, que ayudan a potenciar su agresividad. Tienen un perfil determinado de inmadurez, dependencia afectiva, inseguridad…; son emocionalmente inestables, impacientes e impulsivos. Los maltratadores trasladan habitualmente la agresividad que han acumulado en otros ámbitos hacia sus mujeres. Además, consideran a la mujer como algo de su propiedad. Dentro de su patología, está el arrepentimiento frecuente, y la mujer malinterpreta este arrepentimiento, que sólo es temporal, hasta el próximo golpe."

(Tomado de "Si hay amor y respeto", publicado en "Alfa y Omega", No. 247/15-11-2001, Madrid, España.)

El abusador tiende a ser una persona aislada, no se relaciona mucho con otros, es celoso hasta de su propia sombra, tiene baja autoestima. Esta es una característica que siempre tiene, una autoestima a raíz del suelo, que le ocasiona frustración y la frustración trae violencia. Además, tiene una expectativas rígidas de su rol sexual como hombre. Este es el típico macho. Y el machismo lo que está tapando, es un complejo de inferioridad, la baja autoestima. Por eso trata de aparentar lo que no es.

Generalmente los abusadores que golpean, que hieren, presentan un lado suave. Hay muchos muy educados, hasta religiosos.
Después de una década de investigaciones, dos profesores de psicología (el Dr. John Gottman y el Dr. Neil Jacobson), han llegado a la conclusión de que los hombres abusivos caen en una de dos categorías: el "pit bull" o perro y el "cobra" o serpiente. A continuación, las características individuales de cada uno.

"Pit bull ":
Solamente es violento con las personas que ama.
Es celoso y tiene miedo de que lo abandonen.
Priva a su esposa o novia de su independencia.
Pronto a la ira, a vigilar y a atacar públicamente a su compañera.
Su cuerpo reacciona violentamente durante una discusión.
Tiene algún potencial para la rehabilitación.
Probablemente no ha sido acusado de ningún crimen.
Posiblemente tuvo un padre abusivo.

"Cobra":
Es muy probable que sea agresivo con todo el mundo.
No depende emocionalmente de otra persona, pero insiste en que su compañera debe hacer lo que él quiere siempre.
Es más propenso a amenazar con cuchillos o revólveres.
Se calma internamente, según se vuelve agresivo.
Es difícil tratarlo con terapia psicológica.
Posiblemente haya sido acusado de algún crimen.
Abusa de las drogas o del alcohol.

Los dos psicólogos ya mencionados explican en su libro "When Men Batter Women" (Simon and Shuster), que "O.J. Simpson es un `pit bull' típico... que muestra su comportamiento más monstruoso solamente con la mujer que ama." El "pit bull" espía a la mujer continuamente creyendo que ésta le engaña. Es un esposo o novio muy celoso. A todas las personas que lo tratan le cae muy bien, excepto a sus novias o esposas.

Por otro lado, el "cobra" a menudo es un sociópata. Es frío y calculador, engaña fácilmente a su víctima y puede ser un sádico. Su violencia surge de su necesidad patológica de salirse con la suya, ser el jefe siempre, y asegurarse de que todo el mundo (incluyendo su esposa), sabe que él es el jefe.

Después de que su mujer ha sido físicamente maltratada y tiene miedo, a veces cesa este tipo de abuso y lo reemplaza con un constante maltrato psicológico, a través del cual le deja saber a su víctima, que el abuso físico podría continuar en cualquier momento.
Los psicólogos investigadores, autores del libro sobre este tema ya citado, concluyeron que el maltrato raras veces cesa por sí solo.

Nota: Esta información fue tomada del artículo "Battered Women Face Pit Bulls and Cobras", publicado en el periódico "New York Times", marzo l7 de l998. La autora es Jane E. Brody.

John Broadshaw afirma en su libro "Homecoming", que "el niño interno" herido de una persona le puede llevar a comportarse violenta y cruelmente. La persona no asume la responsabilidad por sus actos porque piensa que los culpables son los demás. En el caso de la esposa maltratada por ejemplo, el hombre violento la responsabiliza a ella por sus propias acciones.

A veces la violencia del abusador oculta el miedo o la inseguridad, el terror que sintió de niño ante un padre abusivo que lo golpeaba con frecuencia. Al llegar a ser un adulto prefiere adoptar la personalidad del padre abusador a sentirse débil y asustado. En otros casos, los comportamientos ofensivos son la consecuencia de una niñez demasiado permisiva durante la cual los padres complacieron al niño en todo. Esto lleva al niño a creerse superior al llegar a ser un adulto y a pensar que él está por encima de la ley. O sea, que puede hacer lo que quiera y abusar de quien quiera. Piensa que se merece un trato especial, mejor que el que se les da a los demás

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¿QUÉ ES LA PAZ?



Cuando pensamos en la Paz, lo primero que se nos ocurre es la ausencia de guerra. Pero la Paz es mucho más que eso.

Así como la Siembra comprende una suma de tareas que incluye preparar la tierra, delinear los surcos, seleccionar las semillas, elegir el momento oportuno, hacer acopio de los materiales y herramientas que se van a utilizar, y no solamente el hecho de introducir las semillas en la tierra, la Paz también implica muchas cosas.

La Paz implica preparar el terreno para que no surjan circunstancias que la puedan poner en peligro.

La Paz necesita de la tolerancia, de la justicia, de la igualdad, de la solidaridad, y también de la responsabilidad de los gobernantes, quienes tienen el destino de los pueblos en sus manos, para tomar decisiones acertadas que hacen al bien común.

La Paz se nutre de las buenas intenciones, de la educación, de la comunicación, del compromiso, del respeto.

La Paz se hace presente en cada momento del día, en el pan en la mesa, en la dignidad del trabajador que gana su sustento honradamente, en el trato cordial de un empleado público, en los jóvenes que se preparan para ser personas de bien, en el vuelo migratorio de las aves, en un niño que aprende a cuidar un árbol, en un abuelo que sonríe, en la primera siesta de un bebé, en la evolución del ser humano hacia su destino superior, en el progreso de la ciencia aplicada a la sanación, en el respeto por la Madre Tierra, por lo sagrado, por el río, por nuestros hermanos animales, por los primeros habitantes de estas tierras, por nosotros mismos...
La Paz es la quietud del Alma, que se enriquece con el amor y la practica de éste.
La Paz es tranquilidad, gozo, serenidad, profundidad de pensamiento y alegría de en el vivir.

Todo eso es La Paz...

Y tantas cosas más que podemos descubrir a cada instante... si tenemos la suerte de poder vivir en Paz.

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¿Cómo saber si vivimos violencia psicológica?



Síntomas:
a) Abuso verbal: Rebajar, insultar, ridiculizar, humillar, utilizar juegos mentales e ironías para confundir, etc.
b) Intimidación: Asustar con miradas, gestos o gritos. Arrojar objetos o destrozar la propiedad.
c) Amenazas: De herir, matar, suicidarse, llevarse a los niños.
d) Abuso económico: Control abusivo de finanzas, recompensas o castigos monetarios, impedirle trabajar aunque sea necesario para el sostén de la familia, etc.
e) Abuso sexual: Imposición del uso de anticonceptivos, presiones para abortar, menosprecio sexual, imposición de relaciones sexuales contra la propia voluntad o contrarias a la naturaleza.
f) Aislamiento: Control abusivo de la vida del otro, mediante vigilancia de sus actos y movimientos, escucha de sus conversaciones, impedimento de cultivar amistades, etc.
g) Desprecio: Tratar al otro como inferior, tomar las decisiones importantes sin consultar al otro.

Síntomas para reconocerse víctima de violencia doméstica:
a) ¿Has llorado hasta dormirte por haber sido golpeada o insultada por tu esposo?
b) ¿Has ocultado heridas o hematomas quedándote en casa, o poniéndote lentes oscuros?
c) ¿Te has dicho a ti misma: "Esta situación va a mejorar, debo tener paciencia"? No te engañes. Con esa actitud sumisa alientas al abusador a que continúe igual o peor.

Violencia doméstica y divorcio:
Existe una violencia frecuente en las familias de divorciados: Utilizar a los hijos como campo de batalla para dirimir sus odios, resentimientos o incapacidad de dialogar como adultos. Se abusa de los hijos cuando uno de los padres les habla mal del otro o cuando les obligan a llevar mensajes de frustración y culpabilidad entre sus padres. Con eso todos se hacen daño, pero el más afectado suele ser el mensajero.

Nota: Este último párrafo se inspira en el libro "Apuntes de vida y fe" del Dr. Jesús Arina, Miami, Florida.

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¿En qué consiste la VIOLENCIA DOMÉSTICA?


Por el Dr. Jesús Arina

Actualmente, el problema de la violencia doméstica contra la mujer es tan serio que es comparable con el problema del SIDA. De 2 a 4 millones de mujeres anualmente son agredidas por su compañero, esposo, novio, o amante. Entre el 15 y el 25 % de esas mujeres están embarazadas; lo cual hace más grave aún el problema.

Las estadísticas nacionales muestran que la esposa golpeada resulta con más daños y necesita más ayuda y tratamiento médico que las afectadas por violación, accidentes de autos y asaltos, en conjunto. Las mujeres maltratadas constituyen el 20 % de las mujeres que acuden a los servicios de emergencia con heridas.

La violencia doméstica no siempre resulta fácil de definir o reconocer. En términos generales podríamos designarla como el uso deliberado de la fuerza para controlar o manipular a la pareja o a la prole.

Se trata del abuso psicológico, sexual o físico habitual. Sucede entre personas relacionadas afectivamente, como son marido y mujer o adultos contra los menores que viven en un mismo hogar.

La violencia doméstica no es solamente el abuso físico, los golpes, o las heridas. Son aún más terribles la violencia psicológica y la sexual por el trauma que causan, que la violencia física, que todo el mundo puede ver. Hay violencia cuando se ataca la integridad emocional o espiritual de una persona.

Pero siempre la violencia física, la más evidente, es precedida por un patrón de abuso psicológico, que es usado sistemáticamente para degradar a la víctima, para erosionar y aplastar la auto-estima de la mujer.

La violencia psicológica se detecta con mayor dificultad. Quien ha sufrido violencia física tiene huellas visibles y puede lograr ayuda más fácilmente. Sin embargo, a la víctima que lleva cicatrices en la psiquis o alma le resulta más difícil obtener compasión y ayuda. También lo dificulta, por ejemplo, la habilidad manipuladora de su esposo que presenta a su esposa como exagerada en sus quejas.

A la violencia física precede, a veces, años de violencia psicológica. La violencia psicológica es, despreciar a la mujer, insultarla de tal manera, que llega un momento en que esa mujer maltratada psicológicamente, ya cree que esos golpes se los merece. Y qué difícil es convencer a una mujer de que vaya a pedir auxilio cuando cree que no lo necesita.

Hay mujeres que se avergüenzan por lo que les sucede y que hasta se creen merecedoras de los abusos. Por eso prefieren mantenerlos en secreto y así esa situación puede prolongarse durante años. Los que maltratan a sus víctimas lo hacen de acuerdo a un patrón de abuso psicológico.
Igual que en el caso del alcohólico, el que golpea a una mujer o la maltrata psicológica o sexualmente, lo primero que hará es negarlo.

Negación es decir: "No, es que yo le pego con razón". No hay ninguna razón para golpear a una mujer, ni a nadie. Pero lo niegan. Dicen: "Yo no la he golpeado, yo no le hecho nada, sólo tocarla".
Otra forma de abuso psicológico es el aislamiento. He conocido casos en que le hacen el vacío a la mujer, ni le hablan, ni la miran y entonces ella se va creyendo que se merece ese trato.
La intimidación es también un abuso. "Si dices algo te mato." Muchas mujeres no se atreven a hablar, por las amenazas que sus maridos o sus compañeros lanzan contra ellas.

Otra forma dentro de ese patrón de abuso psicológico es echarle la culpa a la víctima, la mujer. Desde que se inventaron las excusas y eso viene desde Adán y Eva, uno le echa la culpa al otro.
Tanto el adicto a cualquier droga como el abusador, siempre tienen excusas y le echan la culpa a alguien.

Conocí a una mujer cuyo marido la golpeaba porque se ponía "jeans". Y yo le preguntaba al esposo: "Ud. qué prefiere, ¿que vaya con una falda corta?" No sabía que responderme. Le echaba la culpa a ella y por eso le pegaba. "No - le dije yo - Ud. no la golpea por los pantalones, sino porque Ud. es una persona insegura que no cree ni en su mamá. ¿Le ha dado ella motivo para que Ud. sea celoso?" "No, ella no me ha faltado" me respondió. "Entonces por qué le pega?"
También dentro de ese hábito de abuso psicológico está el abuso económico. "Si dices algo no te voy a dar la mensualidad". Vi un caso en que dejó a la esposa, porque finalmente ella fue a la policía, porque por poco la mata. El hombre la cogió por el cuello y la esta ahogando. Si no es por el hijo mayor, que agarró a su padre y le hizo una llave, la mata. La hija de 11 años llamó a la policía. Y ese hombre decía que no, con todos los golpes que dio, aún lo negaba. Llamó a un abogado y trató de quitarle la casa a su esposa.

Vino la policía, levantó el acta y cuando al día siguiente fue la mujer a preguntar le dijeron: "A su esposo ya lo soltamos". "¿Cómo?" "Porque el sargento no firmó el parte policial". ¿Y qué culpa tienen la mujer y los hijos? Después de esto el hombre le puso una demanda de divorcio, se siente ofendido, a pesar de que por poco la mata delante de sus hijos. La mujer no tiene dinero para pagar abogados.

Dentro de ese abuso psicológico de los maridos que golpean (lo que se llama en psicología la triangulación), hay otro tipo de abuso: utilizar a los hijos para hacerles sentir culpables a las esposas. En este caso los hijos sirven de mensajeros: "dile a tu madre que..."
Las amenazas a través de los hijos, las amenazas de que le van a quitar al hijo, todos estos son abusos psicológicos que preceden al abuso físico. Yo se lo pronostiqué a una persona por lo menos 8 meses antes. Le dije: "Su esposo la va a golpear". "No, él es incapaz", me respondió ella. Y así sucedió, aunque él es Ministro de la Eucaristía. No es por ser Ministro por lo que ha hecho esto, sino por no ser un buen Ministro.

Todos estos abusos impiden que la mujer deje el hogar, ese hogar violento. Es que esa paliza psicológica a que están sometidas muchas mujeres, es más horrorosa que el abuso físico. Pregúntele a cualquier mujer a la cual han maltratado físicamente qué es lo que le duele más; si las palabras hirientes, los desprecios o los golpes. Los golpes se pasan, los abusos psicológicos, los insultos, los desprecios se clavan en el corazón.

Nota: El Dr. Jesús Arina es psicólogo en la práctica privada en Miami, Florida, U.S.A

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